La Guerra del Pacífico fue el conflicto bélico internacional más importante para Chile después de la Independencia. Su consecuencia clave, desde la dimensión económica, es un incremento impresionante del territorio nacional incorporando ricas tierras en minerales. Un segundo factor clave se relaciona con lo internacional y diplomático, elemento estructurante de las relaciones con los países involucrados con consecuencias hasta el día de hoy. Un tercer elemento, que es el tema central del libro, tiene relación en cómo, la Guerra del Pacífico se utilizó como una estrategia política con maniobras comunicacionales muy bien construidas, tendientes a apaciguar el frente interno y mantenerlo cohesionado “y redirigir la mirada hacia el enemigo histórico” (p.14). Bajo esta ecuación se elabora una cultura del recuerdo asentada en dos bases, la fijación del relato canónico desde la historiografía y la memoria bélica en las escuelas: “Las escuelas formaron parte integral de la cultura conmemorativa de la Guerra del Pacífico” (p.75). A través de fiestas cívicas, actos públicos como desfiles, paseos, números musicales, juegos, ejercicios físicos, etc. Incluso el juramento a la bandera, que estaba restringido al ámbito militar, se fue incorporando en los colegios en donde niños y niñas hacían el juramento en ceremonias especiales con fechas relacionadas con la Batalla de la Concepción. Los docentes eran la fuerza ejecutiva de esta operación para mantener viva la memoria de la guerra y acentuar un nacionalismo de tiempos mejores o época dorada de Chile y consolidar la imagen como una potencia en América del Sur.
Otro mecanismo señalado por Gabriel Cid, el autor de “La Esparta Americana”, fue el de la construcción de un panteón heroico que no nace espontáneamente, sino que “construyen socialmente a través de complejos procesos discursivos, estéticos y políticos” (p.79). Este proceso comprende una selección rigurosa y funcional de biografías, idealizándolas y enfatizando sus virtudes individuales que terminan convirtiéndose en virtudes nacionales. Y se pueden identificar cuatro categorías. Primero la heroica asociada al sacrificio en el campo de batalla, representado por Arturo Prat. Una segunda categoría asociada a héroes victoriosos que triunfan en los combates y ganan las batallas como Manuel Baquedano. Una tercera categoría asociada a la idea de heroísmo colectivo representada en un primer momento por la imagen del roto chileno, pero que luego fue reemplazada por los 77 jóvenes soldados chilenos que se inmolaron en la Batalla de la Concepción. Una última categoría fue la feminización del panteón heroico con la aparición de mujeres que destacaron, como Irene Morales.
Los lugares de memoria de la guerra también jugaron un papel como “aquellos espacios donde se cristaliza y refugia la memoria” (p.125). La fragilidad de la memoria espontánea impulsa la idea de fijarla en contextos físicos que permitan sostenerla en el tiempo como archivos, erigir monumentos, mantener aniversarios, la construcción de edificios conmemorativos, museos, etc., “que vuelven asequibles los contenidos de la memoria colectiva a sus visitantes” (p. 125), como el Templo de la Gratitud Nacional, el Museo Histórico Militar y los monumentos de bronce de la guerra. Otro soporte no menos importante fue la cultura visual en torno a la Guerra del Pacífico. Este hito militar “incidió de manera significativa en la imaginación patriótica local, ampliando el abanico de sucesos y personajes dignos de recordar históricamente” (p.187). Los artistas cumplieron un papel relevante para satisfacer esta demanda de lo visual, lo cual se manifestó en imágenes diversas como fotografías, litografías, caricaturas hasta pintura histórica. Una expansión de la visualidad en sintonía con el patriotismo local. Por ejemplo, Thomas Somerscales y su óleo sobre tela del Combate Naval de Iquique que se encuentra en el Museo Nacional de Bellas Artes.
En el último capítulo de este libro se describe el fenómeno de narrar la guerra. “El conflicto de 1879 deja tras de sí una masa de escritos procedentes de los más diversos orígenes” (p.239) y se manifestó en novelas, cuentos, obras de teatro, poesía y lira popular y memorias y literatura testimonial. Sin duda a lo largo de 300 páginas se puede observar que la Guerra del Pacífico tuvo un impacto decisivo en la identidad nacional chilena. Fue amplia su incidencia en términos sociales y heterogéneo en términos de sus manifestaciones. Logró eclipsar al hito histórico que, hasta ese momento monopolizaba el sitial estelar de la nación como es la Independencia. Finalmente, el carácter nacionalista en tiempos de guerra logró mantenerse por décadas en el imaginario de nuestro país y de diversas generaciones.
“La Esparta americana” es un gran libro: extenso, riguroso pero muy entretenido de leer. Se agradece su publicación. Recomendado para trabajar en las escuelas en el nivel enseñanza media desde la historia crítica.
Título: La Esparta Americana
Memoria, identidad y nacionalismo en torno a la Guerra del Pacífico
Autor: Gabriel Cid
Editorial: Crítica
Año: Enero 2026
País: Santiago de Chile
Número de páginas: 317


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