Reseña: Niños dopamina

“En los últimos quince años, las familias estadounidenses han sido arrolladas por un tren de alta velocidad. El tren irrumpió por la puerta principal, atravesó el salón y se encaminó directo a los dormitorios” (pág. 12). De esta manera la autora sintetiza un fenómeno disruptivo que llegó a cambiar profundamente la vida social, como la llegada de los teléfonos móviles, los iPads, las redes sociales, las consolas de videojuegos, las plataformas de streaming. Pero junto a lo anterior se estaba fraguando un segundo fenómeno cuyos efectos arrasaron sobre nuestras cocinas y estómagos, la revolución de los alimentos ultraprocesados. Fue un proceso de cambio más lento que la revolución tecnológica y su inicio se remonta a principios del siglo XX. Pantallas y alimentos ultraprocesados son dos agentes íntimamente conectados en nuestro cerebro y que han devenido en imanes motivacionales, término con el que los neurocientíficos denominan a “objetos, dispositivos y alimentos que nos atraen hacia ellos, en buena medida de manera inconsciente, igual que un imán atrae a un trozo metal” (pág.15). Estos imanes, las pantallas y los alimentos ultraprocesados, son tan  poderosos y omnipresentes que en la actualidad nuestras vidas giran en torno a ellos. 

Pero ¿cómo se podría explicar un escenario como el actual en que ambos elementos dominen sin contrapeso nuestra vida personal y social y se hayan convertido en problemas de salud mental y física? Lo anterior se puede rastrear en las teorías que se desarrollaron desde mediados del siglo XX y que explican cómo funcionan los circuitos del placer y recompensa en nuestro cerebro, los cuales se activan generando dopamina. Sin embargo, la autora señala que esta primera tesis esbozada para explicar el problema de las pantallas y el consumo desregulado de alimentos ultraprocesados es errónea, por lo que decidió a escribir este libro cuyo objetivo es: “aclarar la verdad sobre la dopamina y sus extraordinarias funciones en nuestro cerebro, y luego utilizar este nuevo conocimiento para ayudarnos no solo a gestionar esos poderosos imanes en nuestra vida familiar, sino también a dominarlos” (pág. 18). De esta forma el libro ha sido estructurado en dos grandes secciones, en la primera se examinan los conocimientos científicos  y la historia de cómo se ha llegado a una sociedad y una vida cotidiana rodeado de esos imanes que secuestran nuestra atención y nuestro antojos a lo largo del día. En la segunda parte Michaeleen Doucleff presenta una guía práctica, resultado de muchos años de investigación, donde da orientaciones y pistas de como recuperar el control y al mismo tiempo disfrutar haciéndolo, todo esto mediante la aplicación de un plan en cinco pasos: Ponte al volante, cabalga la ola, aplaude para habituar, ilumina la regla diáfana y administra las señales. 

En 1954 Jim Olds, un joven neurocientífico que estudiaba el cerebro de las ratas, creyó haber encontrado el centro del placer del cerebro y su hipótesis era la siguiente: “un grupo de neuronas, situadas detrás de cada ojo que cuando se activan nos proporcionan la maravillosa sensación del placer” (pág.30). Una idea que caló hondo en la comunidad científica por casi 50 años. Hasta que apareció otro neurocientífico Kent Berridge quien comenzó a darse cuenta de que la dopamina tenía mayor relación con la motivación que con el placer. Por lo tanto, llegó a la conclusión que altos niveles de dopamina no generan altos niveles de placer, lo que provoca es un aumento de la motivación. Así, por ejemplo, cuando apartamos a un niño bruscamente de un videojuego o de estar absorto en las redes sociales, los niveles de dopamina están muy altos y en consecuencia la motivación por seguir también, y esto lo impulsa por seguir perseverando, superar las dificultades y lograr el objetivo como finalizar el videojuego. Todo lo cual se refleja en una actitud oposicionista a la acción de interrumpir lo que se está haciendo y en situaciones complejas significa llanto, gritos, violencia corporal. No hay placer, hay una motivación malsana. 

En este contexto Michaeleen Doucleff diseña esta guía práctica de cinco pasos para reconfigurar el cerebro de tus hijos y recuperar la armonía familiar y alejarlos de las pantallas y de los alimentos ultraprocesados. Este proceso se puede describir a grandes rasgos de la siguiente manera: 

Paso 1. Ponte al volante. Aquí se trata de prestar atención a las personas que tenemos delante en la vida real y ser muy específicos de cuándo y dónde vamos a cultivar el nuevo hábito. Por ejemplo: “Cuando, siempre que estemos fuera de casa. Donde, en automóvil, en el tren y en otros medios de transporte. Hábito que vamos a romper: mirar pantallas en movimiento (es decir, emplear dispositivos mientras estamos fuera de casa) Hábito que queremos fomentar: hablar con los demás” (pág.329). 

Paso 2. Cabalga la ola de la motivación. Lo principal es encontrar una fuente de motivación para que los niños se despeguen de sus imanes (pantallas) y se comuniquen con sus familias. Por ejemplo, cambiar pantallas por libros y conversaciones. 

Paso 3. Aplaude para habituar. Invertir una pequeña cantidad de dinero y esfuerzo en actividades de calidad. La novedad motiva a todo el mundo y está en línea con nuestro cerebro que adora lo nuevo o sorpresivo. Llevarlos a una biblioteca, suscribirlos a una revista, tener un reloj pulsera, no un reloj inteligente. 

Paso 4. Ilumina la regla diáfana. En este paso se trata de construir una barrera mental para que los dispositivos invadan la vida cotidiana. Con reglas claras y sencillas, por ejemplo, nada de pantallas en el almuerzo, al dormir todos los dispositivos apagados y guardados fuera de la habitación. 

Paso 5. Administra las señales. Decidir que dispositivos son necesarios para el colegio o el trabajo y que dispositivos son innecesarios. Se recomienda hacer una lista. 

Un libro necesario, pero que requiere una primera lectura general para luego una segunda lectura pausada para ir trabajando cada una de sus partes para llevarlas a efecto y lograr el cambio tan anhelado en nuestros hijos e hijas y también en mis propias conductas como adulto frente a las pantallas y al tema de los alimentos ultraprocesados. Recomendado para trabajarlo en familia.  

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