Mary Beard es una clasicista, ha dedicado su vida al estudio de los griegos y los romanos de la época clásica. En este libro “Clásicos sin filtros” ella pondrá en duda todo lo referido a los clásicos, incluso qué son los clásicos, qué estudian los clasicistas y si es necesario o útil seguir estudiándolos.
Para una persona que ha dedicado toda su vida a estudiar las diferentes expresiones que había durante el mundo clásico en Grecia y Roma es difícil creer que vaya a cuestionar los estudios clásicos, pero Mary Beard nunca ha tenido problema en ver su campo de estudio desde una perspectiva diferente. En este caso, la autora busca poner a disposición de todas las personas a los clásicos, ¿por qué? Porque la gente suele tomar distancia debido a que se considera que las expresiones culturales de esta época son elevadas, deseadas y el cúlmine de ciertas expresiones de occidente, como las esculturas. Así que la autora nos explica cómo fue su primer acercamiento al mundo clásico y fue precisamente por no saber que era el máximo de las expresiones culturales de occidente, sino que fue a un museo cuando pequeña y algo llamó su atención: un pan. La persona a cargo del museo, en ese momento, vio que ella apenas alcanzaba a verlo y se lo mostró, para ella ese fue el inicio de un viaje. No una escultura extraordinaria, sino un pan. Algo que consumimos hasta hoy y que parece ser compartimos de hace miles de años; lo cotidiano fue lo que acercó a Beard al mundo clásico, el sentirse unida a través de algo esencial y habitual: la comida. Ella no miró hacia arriba, sino que vio lo que se mantenía en común y que cruzaba el tiempo.
Pero la mayoría de las personas hemos llegado al mundo clásico a través de otros, especialmente, en la educación formal. Históricamente, también hemos visto el mundo clásico a través de otras épocas. Hemos llegado a los griegos a través de los romanos, así como a los romanos hemos llegado rescatados por los renacentistas, por lo tanto, cada época ha ido idealizando la época anterior haciéndola más lejano, pues se lo declara la cumbre cultural. Cuando nos enseñan lo qué se hacía o cómo se pensaba, por ejemplo, en filosofía se nos tiende a alejar, a hacer incomprensible algo que los griegos deseaban que todos pudieran hacer, que es cuestionarse la realidad y la cultura. De hecho, uno tendería a pensar que los griegos y romanos no eran muy felices, sino que andarían todo el día bastante serios creando las obras que marcarían nuestra historia y que serían el modelo para las siguientes generaciones. Tener el peso de ser los más doctos todo el tiempo no da la idea de que supieran divertirse, quizás ni siquiera iban al baño… pero todo esto suena ilógico, ¿cierto? Porque lo es, porque se nos olvida contextualizar, no es que ellos pensarán que iban a ser un referente de la cultura, el punto al que aspirar para las siguientes generaciones, no es que hayan sido sumamente serios, al final del día eran personas y vivían su vida de acuerdo con los ideales culturales de su época. La vida estaba organizada de otra manera y así como hay muchos elementos que rescatar, no todo lo que hacían era bueno. Durante la época clásica había esclavitud, mucho del tiempo que tenían estos grandes hombres era debido a que tenían personas esclavizadas que realizaban el trabajo duro y que eran clasificados como seres humanos de categoría inferior. Lo mismo con las mujeres. Es cierto que hubo excepciones, pero fueron mujeres que, contra todo, fueron capaces de abrirse camino, pero no era la regla. De hecho, eran consideradas propiedad o tenían escasas posibilidades de elegir, si es que las tenían. Los ciudadanos eran iguales, pero ser ciudadano no era fácil ni todos tenían la opción de serlo.
En “Clásicos sin filtro” la autora nos acerca a los clásicos, indicándonos ir hacia ellos sin prejuicios, pero también siendo lo suficientemente crítica para decir, ¿realmente entendemos a los clásicos? Lo mismo aplicaría a cualquier época anterior ¿Son las manifestaciones culturales que quedan y las cotidianas capaces de acercarnos a otra época o es imposible romper esas barreras? ¿Leemos la historia hacia atrás intentando encajarla en un discurso que nos resulta cómodo o leyéndolos u observando somos capaces de abrirnos a posibilidades diferentes?


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