Entre los años 2011 y 2020 se fue gestando este libro a partir de una investigación interdisciplinaria cuyo objetivo principal era “conocer el desarrollo social, político y económico indígena que existía en la cuenca del Maipo-Mapocho a la llegada de la expedición conquistadora de Pedro de Valdivia.” (p.21). El resultado de los hallazgos encontrados fueron sintetizados en este libro: Mapocho Incaico. La tesis central es que en menos de ciento cuarenta años la cuenca de Santiago pasó de ser un territorio controlado por la Cultura Aconcagua a convertirse en un centro político, económico y estratégico de gran importancia que llamó la atención de dos grandes imperios: el Inca y el Español. En el caso del imperio español, fue Pedro de Valdivia quien valoró este espacio debido conocimiento del imperio incaico. Esto será clave, pues termina con la creencia de que este territorio de la cuenca Maipo-Mapocho era un lugar sin valor económico, casi despoblado y atrasado tecnológicamente. La versión que nos contaron los españoles es que la historia de Chile comienza con su llegada y lo anterior, que algunos denominan como prehispánico, no tiene valor, una visión muy propia de historiadores que formaban parte de la aristocracia castellano-vasca y sus descendientes dando origen a una visión sesgada y clasista. Esta forma de mirar nuestra historia daba forma a una construcción política de nación cuya cultura convergía con lo europeo y de esta manera era enseñada en los colegios y liceos de Chile como una verdad indiscutible.
Pero acá comienzan a realizarse preguntas que contradicen esta mirada eurocentrista: ¿Qué impulsó al Imperio Inca a extenderse hacia territorios que eran tan pobres? O ¿Qué impulsó a Pedro de Valdivia a venir al valle del Mapocho? En primer lugar, es que los valles del Mapocho y el Maipo estaban cruzados por una vasta red de canales de regadío, claves para el desarrollo agrícola y la producción de alimentos. En segundo lugar, existía una población importante en términos demográficos que vivía en chacras y generaba una gran cantidad de alimentos que permitía sostenerla. En tercer lugar, una avanzada red de caminos que unía el sur, el norte y el oriente con el centro del país y administrada en forma eficiente por un representante del Emperador Inca en el contexto del Tawantinsuyo. Finalmente, el Imperio “descubrió o redescubrió la importancia estratégica de la cuenca del Maipo-Mapocho y su capacidad de controlar el flujo de miles de personas y bienes en sentido longitudinal, iniciando así el dominio de las poblaciones más al sur.” (p. 116). Todo lo anterior estaba en conocimiento de Pedro de Valdivia antes de efectuar la expedición a Chile, lo que lo convenció de venir a estos territorios y fundar la ciudad en el fértil valle del Mapocho, tal como después lo describiría en su carta al rey de España.
El desarrollo social, político y cultural de este territorio se puede apreciar a partir de un conjunto de evidencias tanto documentales como arqueológicas encontradas en los años de investigación del 2011 al 2020 como, por ejemplo, la actividad de entierro de los muertos herencia Incaica: “Esto se debió a que los cuerpos y las ofrendas se dispusieron en profundidad, lo cual les permitió subsistir a la mayoría de las actividades agrícolas y constructivas desarrolladas en la ciudad de Santiago.” (p. 29) Otro cambio en lo religioso fue la adoración al sol y la luna y en la vestimenta se pasó del uso de mantas de lona por vestidos de algodón. Otro aspecto importante fue la aparición de sitios sacralizados o guacas, siendo la más conocida la ubicada en el Cerro El Plomo. En lo ingenieril y de construcción lo más notable fue el desarrollo de una red de canales a lo largo y ancho de la cuenca que permitió contar con recursos hídricos indispensables para el desarrollo agrícola y que responde al aporte de la cultura incaica. El imperio una vez que incorporó este valle inició una política intensa de construcción de redes que proveyeran de recursos de agua en forma abundante a las chacras que eran la base de trabajo agrícola de los pueblos originarios. Estos canales fueron agrupados en distritos de irrigación. Con relación al río Mapocho estos fueron: Apoquindo, Tobalaba-Macul-Peñalolén, Longopilla (Vitacura), Ñuñoa, Guachuraba-Quelicura y la Guaca (Cero Navia) Y para el río Maipo, los distritos de irrigación fueron, Cerrillos, Tango (Calera de Tango), Lonquén-Lo Herrera, Malloco y Pirque.
En este sentido se pueden apreciar dos conclusiones finales, por una parte, el desarrollo y florecimiento del Valle del Mapocho-Maipo fue el resultado de la gran influencia del Imperio Incaico que transmitió su cultura, su ingeniería, religión y orden administrativo lo que significó convertir a la Cuenca Mapocho-Maipo en un polo de atracción para un militar como Pedro de Valdivia, que aprovechó lo realizado por el Tawantinsuyo pues le era útil a su plan de conquista y explotación económica que pretendía instaurar en este territorio una vez sometido a su control. En segundo lugar, mostrar que antes de la llegada de los españoles había un centro económico, demográfico y cultural mucho más importante que lo que la historia habitualmente transmite en los colegios, de una zona semivacía y sin desarrollo. Como señala Rubén Stehberg: “Estimamos que esta historia ha sido silenciada por siglos de dominación de descendientes europeos y por la política de extirpación de idolatrías de la Iglesia Católica que, como vencedores, impusieron su versión de la historia.” (p. 149)
Un libro que, faltando 15 años para conmemorar los 500 años de la fundación de Santiago, viene a completar silencios y vacíos históricos aún presentes en la historia oficial de Chile, Recomendado.
Título: Mapocho Incaico
La Fundación de Santiago de Chile
Autor: Rubén Stehberg
Editorial: Crítica
Año: Mayo 2026
País: Santiago de Chile
Número de páginas: 167


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