Reseña: Prevenir el suicidio

Hablar del suicidio aún sigue siendo un tema tabú, que genera incomodidad, al que tratamos de esconder o mantener oculto por la carga emocional y de dolor que genera en la familia y el entorno más cercano: “En Chile se estima que existen alrededor de 1600 suicidios al año. Es decir, entre 4 a 5 personas diariamente deciden terminar con su vida porque están sufriendo más de lo que pueden tolerar.” (p.33). A esto se suma un contexto sociocultural en donde el bienestar emocional y la salud mental son cada vez más escasos. Se proyecta que hacia las próximas décadas la excepción a la regla será encontrar personas sanas en lo afectivo, mental y social. Ya afirman muchos especialistas que estamos viviendo una epidemia de sufrimiento humano, algo que ya advertía Felipe Lecanelier en su anterior libro: La organización temporal del sufrimiento traumático. Una epidemia oculta, silenciosa y que se niega. Manifestar que sufres algún problema o trastorno mental sigue siendo un estigma para la persona que lo declara sin ser categorizado como insano. De esta forma los autores se plantean la pregunta central que ordena este libro ¿Por qué hablar del suicidio? Y no hay una respuesta única más bien son múltiples, por ejemplo, el aumento de muertes por suicidio es una tendencia que se va consolidando con el tiempo, una sociedad que paulatinamente ha dejado de conversar y de comunicarse, un individualismo extremo que se consolida como norma y que trae como consecuencia modos de vida aislados, solitarios y en donde cada uno se enfrenta solo al sufrimiento. Por lo tanto, este libro es un llamado a prevenir: “porque reconocer que las personas sufren al nivel de querer suicidarse no sirve de nada si no hacemos algo para cambiar esa realidad.” (pág.13). Solo acciones concretas y decididas pueden a mediano y corto plazo tratar de generar un cambio que haga que las personas no tengan al suicidio como única vía de escape al sufrimiento. 

¿Qué lleva a una persona a tomar la decisión de querer terminar la vida? Esto significa comprender que es un fenómeno multifactorial donde múltiples causas se entrelazan para dar lugar a la conducta suicida. Los autores señalan que: “las personas que quieren suicidarse en realidad no quieren morir, solo quieren dejar de vivir como lo están haciendo” (pág. 19). La muerte es la consecuencia final, pero el suicidio es un proceso que se manifiesta en conductas previas o conductas suicidas en un continuo. La primera fase es fantasear con las ideas de muerte como una posibilidad vaga, luego aparecen las ideas suicidas en que piensan que son ellos mismos quienes quieren acabar con su vida. Si las ideas tienen muchos detalles de cómo se va a producir comienza la etapa del plan suicida, hasta que pasa a la siguiente fase, el intento de suicidio. Lo central es prevenir, es decir, reconocer las manifestaciones de la crisis y hacer algo al respecto. En este contexto es importante darse cuenta de los gatillantes que agudizan el sufrimiento y refuerzan la escalada hacia el suicidio, por ejemplo, una pelea, una ruptura amorosa, un despido, la muerte de alguien. El suicidio no es un acto repentino, sino que hay una historia detrás, oculta a nuestros ojos. 

De acuerdo con los autores aun cuando no podamos visualizar a simple vista la historia detrás de un suicidio, existen señales de alerta que se pueden clasificar en dos niveles: el primero denominado señales generales, como la relación con otros, aislamiento o sociabilidad inusual, dormir mucho o tener insomnio, cambios en la alimentación, despreocupación por la imagen personal, aumento en el consumo de alcohol u otras sustancias y conductas agresivas. En segundo lugar, señales específicas, como desesperanza, hablar de sentirse atrapado o como una carga, hablar directamente de sus deseos de morir, buscar en internet formas de quitarse la vida, realizar actos de despedida y autolesiones. Cuando se tiene un plan suicida y de acceder a métodos letales es señal de riesgo inminente. Ante estas señales “todos podemos mostrarle la salida del laberinto a una persona que está viviendo una crisis suicida si aprendemos a conocer las señales.” (p.65). 

¿Pero que nos pasa a los demás con el suicidio? Primero no es un tema neutro y tiene efectos sobre nosotros. Las personas tenemos miedo de nombrarlo, como si el solo hecho de hablar sobre ello pudiera invocar malos espíritus o una tragedia. El suicidio sigue siendo un tabú del cual no se habla y esta ausencia de conversación trae como resultado que el vacío se completa con datos fuera de contexto o con lo que me contaron o lo que vi en internet, cuyos sesgos son evidentes, escenario perfecto para la aparición de creencias que son falsas y lo graves es que orientan las conductas al momento de enfrentar este tema. Por otra parte, estos mitos dificultan que las personas aborden el tema de manera correcta. Ejemplos de mitos: hablar de suicidio puede poner la idea en la mente de alguien vulnerable. Las personas que dicen que se van a matar no lo hacen. Solo buscan llamar la atención. Todas las personas que se suicidan tienen una enfermedad mental. El que se suicida no da señales. Y así una lista extensa que se recoge en este libro. En segundo lugar, se vive la angustia de sentirnos responsables por aquel que se suicidó y aquí los autores señalan “Nadie se salva solo, nadie salva solo a otro, nos necesitamos todos.” (p.123).

¿Y ahora qué hacemos? En el último capítulo se abordan una serie de estrategias exitosas. Una imprescindible para la prevención del suicidio es seguir estas acciones, contar con un entorno seguro, tener un plan de seguridad y tener números de ayuda. Una segunda estrategia es seguir la triada: acoger, escuchar, actuar. Sin duda es la parte esencial del libro y que hay que leer con especial atención. Un libro indispensable para trabajar en los colegios, en las universidades y en la familia. El suicidio es un problema de salud mental y social y en el cual “Nadie se salva solo, nadie salva solo a otro, nos necesitamos todos.” (p.123). Muy recomendado.

Título: Prevenir el suicidio

Por qué hablar salva vidas

Autor: Daniela Ibacache y Felipe Lecannelier

Editorial: Diana

Año: septiembre 2026

País: Santiago de Chile

Número de páginas: 175

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