“Hasta épocas relativamente recientes, la mayoría de las mujeres ni siquiera tenían la conciencia de lo que podía significar el hecho de aprender a leer…” (p. 307)
“Sembrar” palabras es el ensayo ganador del premio Paidós 2025, estudio que cubre más de 500 años de la historia de España y de cómo la mujer estuvo impedida de recibir educación, por lo tanto, de saber leer y, más adelante, escribir.
Fue un proceso sumamente lento y muy controlado. Por ejemplo, en el siglo XVI y XVII se argumentaba que no era necesario que la mujer supiera leer pues no era un elemento que aportara o hiciera mejor su labor como madre y, por otro lado, se consideraba que tampoco iba a poder comprender lo que estaba leyendo. A lo largo de los años, se llegó a la conclusión de que, dado que tenían que enseñar a los niños y niñas los valores de la Iglesia, deberían saber leer, pero de manera rudimentaria y la Biblia… y estamos hablando solo de algunas afortunadas dentro de la nobleza porque en sectores pobres, el analfabetismo era casi total.
Aún así hubo algunos reductos como los conventos, en estos la lectura y la escritura eran una práctica habitual y, por ello, las monjas son el mayor colectivo de escritoras de los siglos XVI y XVII: “Y a pesar de estar encerradas, encontraron tras los muros del convento su propio espacio de libertad.” (p. 69). Este ensayo compacta más de 500 años de historia, recalcando que, si las mujeres adineradas apenas tenían la posibilidad de aprender a leer y escribir, eso era aún más difícil para mujeres pobres. Y aun así las mujeres de la aristocracia o con mayores riquezas tuvieron que sortear diversos límites impuestos por la sociedad, pues una vez que se les permite leer algo más que la Biblia, de todos modos, eran los hombres los que hacían la curatoría de los libros que las mujeres podían poseer y leer, incluso en el caso de los conventos. Por ello, éstas primeras mujeres que escribieron lo hicieron desafiando su época con los costos que eso implicaba, lo cual también es un aspecto importante de señalar en este ensayo porque no romantiza la situación que en diferentes otras obras o medios se ha llevado a cabo de alguna forma, sino que dice que eso significó problemas, sufrimientos y castigos para las mujeres que se atrevieron, aunque ellas lo hicieron buscando todos los resquicios, como en el caso de las monjas que dijeron que era Dios el que les ponía esas palabras.
A medida que avanza el tiempo y llegado el siglo de las luces, la visión del libro, las bibliotecas y el conocimiento cambia. Se crean bibliotecas públicas que no solo congregan el conocimiento, sino que permite el acceso (considerando que éste estaba limitado respecto a saber leer o contar con tiempo para hacerlo) a diferentes libros. A las mujeres de clases más acomodadas se les permite un mayor acceso a la lectura como fuente de conocimiento y también de entretenimiento por lo que ellas mismas comienzan a escribir, pero de forma reducida. La educación de las mujeres sigue concibiéndose como un medio para un fin, que es la crianza y el cuidado de la familia. Por otro lado, dado el contexto del valor del saber en el siglo de las luces, hacia medidas de siglo y con la creación de cada vez más periódicos las mujeres ya no solo escriben ficción, sino también escriben en los diarios para dar su opinión y defender la valía de las mujeres.
“Sembrar palabras” es un ensayo que nos muestra que escribir no es un derecho para las mujeres, es una lucha que se ganó, en el que la mayor parte del tiempo se tuvo que luchar contra la consideración de que la inteligencia de la mujer era insuficiente, de que no merecían leer y menos escribir, que como muchos otros derechos que hoy se dan por sentado, no lo son, y en el caso de España fue tan complejo que durante el franquismo en pleno siglo XX, se retrocedió hasta el siglo XVI – XVII. En el caso de las mujeres los derechos no se deben dar por obvio, necesitamos recordar y conocer nuestra historia para que no volvamos a retroceder.


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