Reseña: Un millón de cuartos propios

Un millón de cuartos propios es un ensayo de la argentina Tamara Tenenbaum que surge de la traducción de “Un cuarto propio” de Virginia Woolf. Son reflexiones maduradas en el tiempo, en la medida que traduce y reexplora esta obra de Wolf que marcó un antes y un después en el feminismo. Como traductora de la obra “Un cuarto propio”, Tamara indica que lleva un cuaderno de trabajo en donde vertía al idioma castellano las ideas y pensamientos de Woolf y que de pronto tomó conciencia como este crecía más allá de la obra traducida.

Hay muchas razones para elegir “Un cuarto propio” como un punto de partida, una de ellas es que, siendo un texto de más de 100 años de publicación, continúa vigente y nos permite reflexionar sobre el ahora, pero tomando como inicio el pasado. También considera la forma en que Virginia Wolf propone escribir un ensayo, una mezcla entre un relato íntimo que se basa en una realidad de vida pero que puede reflejar a muchas otras, que también incluye ficción porque la narradora puede ser ella, tanto como Mary, que para efecto de la obra es indiferente. Además, que Virginia escribió el libro no porque los anhelos y cambios que podían hacerse, fuesen a verse en su época, sino que escribe para las que vendrán. En el caso de Tenenbaum también hay un juego con el tiempo: “En este libro quise copiarle a Virginia algo de ese jugar con el transcurrir del tiempo, jugar con su exceso y burlarme de su falta.” (p. 242), de hecho, indica que no hizo resúmenes de los autores que puso porque la invitación es a leerlos, es a considerar que se tiene todo el tiempo del mundo para hacerlo.

En “Un millón de cuartos propios” hay muchos temas en los que la autora circula y si bien todo gira alrededor de lo mismo, es difícil decir de que va exactamente el libro, pero sin duda ella habla desde el lugar que habita -al igual que Virginia- y que es el espacio de ser una mujer, pero no la misma que retrata Woolf, aunque sigue teniendo muchas similitudes.       

Se divide en seis apartados que toman temas de “Un cuarto propio”, donde en algunas ideas concuerda con Virginia y en otras no, asimismo hay algunos en que toma bastante distancia de la autora; sin embargo, todos tratan sobre la posición de la mujer en la sociedad y, por lo tanto, es necesario hablar de feminismo y estamos en una época difícil para hablar del tema que viene de un desencanto post 2018, en el caso de Chile, con sus particularidades porque se vivió en el contexto del estallido social el 2019. Por ejemplo, dice: “La experiencia de ser mujer tiene algo de solitario, algo de aislamiento.” (p. 45), por eso la expresión del ensayo de Virginia tiene algo que parte de ella misma, pero que está más allá de ello. Esto porque a diferencia de otros colectivos, por ejemplo, personas de raza negra o del colectivo LGTBI+ o de alguna nacionalidad, pueden vivir en barrios (en muchos casos fueron segregados), en cambio las mujeres tendemos a vivir con hombres, situación que antes era aún más marcada, como una necesidad de vida (salías de la casa de tus padres a la de tu marido); en ese sentido estamos más disgregadas y, por ello, “El feminismo requiere que aprendamos a encontrarnos, porque no vivimos juntas. No me extraña, entonces, que históricamente hayamos usado el ensayo personal para dar este salto de lo individual a lo colectivo…” (p.45), así va pasando por temas que van desde esa necesidad de un cuarto propio que sigue siendo tan vigente, en especial, considerando que escribir es una actividad tan etérea, pero es más que esas condiciones materiales, es la condición de posibilidad de que las mujeres tengan ese espacio reservado a los hombres, es que puedan elegir y eso implica de tener condiciones para hacerlo, en este sentido, lo material, el capital nos compra libertad (o es la libertad según algunos pensadores y también se detendrá en ello).

Este ensayo explora en las condiciones de hacer un acto de escritura de una mujer que hoy tiene el cuarto propio y vive desde un privilegio, como Virginia lo hizo y explicitó, sin que eso le impidiera comprender a los que viven situaciones diferentes. Quizás no puedes vivir lo que vive una mujer obrera o dueña de casa o que mantiene sola a una familia porque el padre decidió desaparecer del mapa, pero si puedes vincularte con esas mujeres e intentar comprender. Virginia Woolf no tuvo miedo a estar en esos lugares de los que no era habitante, pero si invitada, lo que le permitió tener una sensibilidad que se refleja en peticiones como la consideración del valor del trabajo doméstico, aunque no fuese algo a lo que aspirara, a comprender las necesidades de las mujeres trabajadoras y su alcance. En tiempos donde la inmediatez nos absorve porque no hay otro espacio que el ahora (y el miedo a perderse algo), lo contracultural es el acto de tomarse el tiempo, de leer, de pensar, de filosofar, de escribir ensayos y de escribir ficciones, y de seguir pensando en la igualdad de derecho de hombres y mujeres.

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