Esta novela es la segunda después de “La casa en el mar más azul” del escritor T.J. Klune. Tanto en la dedicatoria como en los agradecimientos hace una declaración: este libro está hecho para la comunidad queer, pero en especial para quienes son transgénero e indica que él quiere ser lo contrario a J.K. Rowling, quien se vio envuelta en polémicas sobre el tema.
Haciendo un breve recordatorio de la novela anterior, la historia sucede en un mundo en que hay personas normales y seres mágicos. Para que los últimos no puedan dominar el mundo a través de la magia, hay un control sobre ellos en el que, deben estar inscritos en el registro y ser controlados constantemente; muchos de estos niños y niñas son huérfanos y, por lo tanto, van a orfanatos especiales, que durante el primer libro descubrimos, que en su mayoría, son un espacio donde se violan los derechos de los niños y niñas y el DEJOMA (Departamento de Jóvenes Mágicos), encargado de su bienestar, muchas veces se preocupa más del control sobre estos y menos de que se encuentren bien. En ese caso, Linus Baker, un excelente trabajador del DEJOMA va a la isla de Marsyas a hacer un examen a un orfanato particular porque lo habitan personajes súper peligrosos, entre ellos, un niño que es el Anticristo. Linus observará sin prejuicio y se enamorará tanto de Arthur como de los niños.
“En algún lugar del mar más azul” comienza con un recuerdo de la vida de Arthur Parnassus, director del orfanato de seres mágicos en la isla de Marsyas y que alberga a los niños y jóvenes mágicos más fuertes y extraños. Arthur y Linus no quieren ser solamente los tutores de un orfanato, sino que quieren convertirse en padres de ellos, pero no todo es tan simple como parece porque el Gobierno llama a Arthur a declarar como fue su vida en estos orfanatos de pequeño y lo suyo fue una historia de maltrato y dolor. Arthur accede a ir, aunque sospecha que esto no es más que una triquiñuela para saber más del Anticristo, a quien Arthur llama Lucy y defiende porque es un niño de 7 años que está en un proceso de crecer y aprender. Por otro lado, irán a trasladar a un pequeño niño no registrado llamado David y que es un yeti, cuya historia es terrible, pero que es resiliente, con una personalidad alegre y creativa.
En esta novela nos reencontramos con Arthur, pero ahora veremos salir su versión mágica; también con Linus, ex empleado del DEJOMA y que dejó sus funciones por no estar de acuerdo con sus prácticas una vez que conoció a los niños del orfanato de la isla de Marsyas y, por supuesto, los niños: Sal que es un cambia pieles, Talia una gnoma de más de 200 años, Phee un espíritu del bosque, Theodore un guiverno, Chauncey una masa viscosa y verde que quiere ser botones y Lucy, el anticristo. A estos niños siempre los han tratado de monstruos y Arthur ha buscado demostrarles que no lo son, sin embargo, la llegada de David lo pondrá todo de cabeza porque él si quiere ser un monstruo, no para dañar a nadie, sino para asustar a las personas y reivindica, a través del susto, el derecho a ser un monstruo. Esto llevará a Arthur a cuestionarse sobre la manera en la que les ha enseñado a los niños, en especial en el caso de Lucy, sea la más adecuada.
Otro nudo que se desarrolla en esta historia es la del Gobierno central que quiere apoderarse de Lucy por ser sumamente poderoso. Si el niño quisiera podría doblegar a la humanidad e imponer sus pensamientos. Rowder, que es directora interina después de lo que sucedió en el primer libro, quiere asegurar que los seres humanos estén seguros, pero de manera tan radical que no le importan realmente los seres mágicos, para ella, estos son monstruos y no seres vivos, por eso tener a Lucy sería la oportunidad de usarlo como arma y que todos terminaran de segregar a los seres mágicos a los que cazan. A diferencia de Arthur, Linus, sus hijos y el pequeño pueblo de Marsyas consideran a los niños lo que son: niños, y que sean mágicos es accesorio y tienen todo el derecho a existir: “¡Dato curioso! -dijo Talia en tono animado. “No se les dice a los demás qué apariencia deben tener o no tener. Es una grosería. Que algo no le guste a usted no implica que otros no sepan apreciarlo. A mí me gusta mi aspecto” (p. 249).
Es una sociedad que en ocasiones parece avanzar, pero luego se hacen acciones para retroceder. “En algún lugar del mar más azul” es un manifiesto y una invitación a la inclusión de las diferencias. También es una novela acogedora que nos invita a levantar la voz para comprender que las diferencias no significan exclusión, sin importar si eres una persona normal o un ser mágico, todos tenemos derecho a existir y ser amados.


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