Es extraño abrir un libro de la “Dama del Crimen” y que la primera oración sea “una de las mejores cosas que le pueden tocar a uno en la vida es una infancia feliz”, de ahí en adelante, se sigue buscando el momento misterioso… pero no.
Agatha Christie escribió su autobiografía entre 1950 y 1965, impulsada -editorialmente- por dar su propia visión de sí misma, frente a la avalancha de posibles biografías escritas por otros autores debido a su éxito. Ella es clara. Es ella la que debe contar su historia y para eso recurre a sus escritos y diarios. El proceso tarda 15 años y no hay signos de que el texto fuera modificado después. Su autobiografía se publicó en 1977, un año después de su muerte.
“Aclarado que lo que pretendo es divertirme, comenzaré. Aunque no pienso ser fiel a la cronología, por lo menos empezaré por el principio.” (Autobiografía, p.10)
Esa es la invitación de la escritora: acompañarla a divertirse. A través del libro asistimos, en primera persona, a la posibilidad de ver la infancia feliz en que la niña inquieta va abriendo su mirada. El universo infantil de Agatha presenta un collage de personajes nutricios: su familia que es no solo sanguínea, sino que incluye el universo del servicio doméstico (“nuestras sirvientas me parecen mucho más reales que las amigas de mi madre y los parientes lejanos” p. 31); de los animales y mascotas, del entorno de Ashfield añorado a lo largo de su vida. La presencia materna es determinante: tanto Clarissa -la madre como Nursie -la niñera- pueblan el espacio de orden y fantasía.
Christie da lo que promete: el relato de una infancia feliz, desde la mirada de una niña sagaz. Desde la infancia acostumbrada a viajar y cambiar de residencia, lo que será una constante en su vida adulta: viajar, descubrir cómo viven otros… y reflejar eso en sus escritos.
La muerte del padre acentuará la inestabilidad de la época, pero la red familiar extensa asegurará -en cierta forma- seguir descubriendo la vida, las amistades y las lecturas… ¡incluidas las de policías y detectives! pondrán en la mente de Agatha el deseo de escribir.
A través del libro podemos acompañar, no su proceso creativo, sino el caminar de una niña que se va creando a sí misma como mujer y como novelista. Una mujer que arriesga, que comete locuras, pero que busca ser fiel a esos afectos de su vida. Que también sabe cortar, aunque no siempre lo logre a tiempo.
Ese es el camino que quiere mostrar en su autobiografía. Sus amigos, sus amores, la época en que creció y vivió. Sus pasiones: los viajes, el pasado, la arqueología. Sus amores Archie y Max. Su relación con su hija Rosalynd. Las traiciones. Las dos guerras que atravesaron su vida. Sus libros en la medida en que se entretejen y le permiten cumplir sus sueños: ¡viajar, comprar su primer auto propio y cenar con la Reina!
Las páginas son fieles a la declaración inicial
“La casa en que habita el espíritu crece, surgen en ella instintos, gustos, emociones y capacidades intelectuales, pero yo, la verdadera Agatha soy la misma. (…) Todas nosotras: la pequeña Agatha Miller, la Agatha Miller adulta, Agatha Christie y Agatha Mallowan recorremos nuestro camino…”
Autobiografía es una invitación a acompañar ese camino, en el tiempo que vivió. Probablemente, amerita lecturas más dedicadas desde otras ópticas como el rol de la mujer o las relaciones de/con servidumbre o el impacto de las guerras.
Es un libro para amantes de Agatha Christie que entrega lo que ofrece. Como la dama inglesa que fue. Como la de sus novelas. Pero esta vez de verdad ¿o no? Pero si de su puño y letra.
Spoiler: Todavía no sabemos que pasó en los 11 días…


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