Reseña: Catrala            

“No hablaban como gente. Emitían un murmullo, una queja, un zumbido de hambre. Vi en sus ojos algo peor que la rabia: apetito. No solo de comida… apetito de tocar, de manchar, de arrastrar a otros a su misma condición.” (p. 14)

                  ¿Te encantan los vampiros y las leyendas de Chile? Francisco Ortega mezcla estos dos elementos en su nueva novela “Catrala”, una forma de nombrar a Catalina de los Ríos y Lisperguer o la Quintrala, una mujer que existió, pero lo que sabemos de ella es más bien una leyenda, así que esta podríamos decir, es una novela sobre un Drácula a la chilena, de hecho el autor indica: “Me situé en una especie de mundo paralelo, donde Bram Stoker, en lugar de conocer la historia de Vlad III y de Erzsébet Báthory para escribir Drácula, hubiese conocido la historia de la Quintrala, construyendo a partir de esta figura histórica su obra más conocida”.

                  “Catrala”, en muchos sentidos es una novela que se alimenta de Drácula, partiendo por los recursos narrativos, es una novela epistolar, es decir se narra mediante cartas y diarios de vida, tal cual Drácula. De esta manera no sabemos mucho de Catrala, sino que la conocemos, principalmente, a través de la visión de otros. Eso sí, una diferencia con Drácula es que al inicio de la novela si escuchamos su voz, pero eso es cuando ella aún es humana, una vez que deja de serlo y se convierte en un monstruo, su voz quedará silenciada. Incluso hay una marca visual que la distingue de las otras páginas porque solo estas son negras.

                  Si leíste Drácula, es probable que al inicio te llame la atención y pienses que esto se desarrollará tal cual la novela de Stoker y hasta cierto punto es así, pero luego el autor tomará un rumbo diferente. Eso sí, no es una copia, sino más bien un tributo. Guillermina, la protagonista, es una abogada argentina que viaja a Chile porque la Catrala quiere tramitar un lugar en Argentina; por otro lado, ella tiene un prometido esperándola y que es un motor bastante fuerte, aunque no como Mina para Jonathan Harker, si tendrá un rol en la novela, aunque tampoco conoceremos mucho de él.

                  En la novela “Catrala” hay una mezcla en los vampiros clásicos y el folclor chileno. No hay novias de Drácula, pero si tenemos a los piguchenes o chonchones. No necesitamos un castillo cuando en Chile tenemos una arquitectura propia que se diferencia de un castillo en altura, pero que no deja de ser por ello un laberinto del que no es posible escapar.

                  Asimismo, el monstruo es una mujer y su contraparte también. Guillermina es “algo así como un Jonathan”, pero que toma otras decisiones y quizás es más contemporánea respecto a ellas (más allá si estamos de acuerdo o no); por otro lado, la monstruo es “La misiá Catrala es muy rica, sí. Rica de una manera ajena a este mundo. Su fortuna parece inagotable, pero no es el oro lo que la mantiene en pie. Es su hambre. Su poder. Su abismo.” (p. 76).

                  Esta novela es un tributo a Drácula, pero comprendiéndolo desde una mirada chilena, con un personaje que sigue intrigando a las personas, una mujer de una fuerza que desafió a su época, no tanto por lo que hacía, sino por ser una mujer con poder. En esta obra los hombres acompañan, pero no son quienes tienen protagonismo, por lo que podemos hacer diversas lecturas: desde el mito del vampiro, los elementos del folclor chileno, la figura de una mujer poderosa -que ha sido desacreditada a lo largo de la historia- o la forma en que está narrado. Es una obra con la que disfrutar, pero también conocer más de nuestro folclor porque nosotros tenemos nuestra propia Drácula.

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