Reseña: El secreto de París

Hay algo que nos atrae de los libros acerca de la Segunda Guerra Mundial, quizás sea la seguridad con que se habla del bien y el mal, cuando actualmente, vivimos en una época de incertidumbre en donde los límites entre ambos se ven difusos, o quizás sea descubrir a partir de un conflicto militar tan grande, cómo suelen aparecer y desarrollarse al mismo tiempo los grandes actos de heroísmo y solidaridad, así como los más deplorables. Mucho se ha escrito sobre el tema, pero no tanto se ha hablado de los países que fueron ocupados por los alemanes y que convivieron con ellos*. En este caso, además, se suma un elemento interesante: el arte. 

         Durante el régimen totalitario del tercer Reich, hubo una censura brutal al arte en todas sus formas: libros, artefactos y pinturas fueron quemados, demostrándonos que el arte es también un peligro y un espacio crítico que iba contra el adoctrinamiento alemán. 

         Sophie y Dietrich abandonan Alemania para escapar del régimen nazi, al que se oponen activamente, en especial Dietrich. Para poder escapar deben falsificar sus documentos e indicar que son ciudadanos suizos. Al llegar a París, él conocerá a Fabienne con quien se casará. Una vez que avance el régimen nazi, ella deberá abandonar su trabajo como pintora en la que destacaba por su capacidad técnica.

         Cuando comienza el libro sabemos que Dietrich está muerto, lo que ha creado fricciones entre Sophie y Fabienne, quienes antes eran amigas. Sophie ha tenido que aceptar un trabajo como restauradora en el museo Jeu de Paume, mientras que Fabienne trabaja en una fábrica. En cualquier caso, ellas no se ven. Sophie se lamenta por no ser como su hermano y tener las agallas de enfrentar de la manera que sea al régimen nazi, hasta que se le presenta la oportunidad.

         En el Museo Jeu de Paume se reúnen las obras modernas robadas a sus dueños por parte de los alemanes y éstas eran clasificadas bajo dos criterios: las que están permitidas y las que no, estas últimas serán, eventualmente, quemadas. En su deseo de que las obras no se pierdan y que los dueños legítimos (o sus parientes) puedan volver a tenerlas, a Sophie se le ocurre que podría falsificar las obras y para ello requiere a Fabienne que, por su habilidad técnica, es capaz de replicar distintos cuadros en distintos estilos y sí crees que esto no da miedo, lo cierto es que lo tenían que hacer bajo altos mandos alemanes o conocedores de arte pertenecientes al Reich, lo que podía significar la muerte si eran descubiertas.

         “El secreto de París” es ficción, pero aparecen personajes reales y, de hecho, uno de los personajes Rose Valland se basa en la Rose histórica que arriesgó su vida por la preservación de las obras y que trabajó en el Museo Jeu de Paume. Hay personajes absolutamente malvados, algunos reales y otros que, aunque no existieron como tales, representan un ideario, así como hay otros personajes que son altruistas. Es una novela que está narrada a dos voces donde nos damos cuenta de que en tiempos de guerra se sigue siendo humanos, viviendo desencuentros y dolor, pero que al final, es trabajando en conjunto como podemos lograr grandes hazañas.

* Si es un tema que te interesa, Suite francesa de Irene Nemirovsky es una obra magistral que fue escrito durante la ocupación y la SGM.

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