En la ciudad de Tokio en un rincón residencial hay una pequeña cafetería con solo 3 mesas y una barra llamada Marble Café. Está escondida al final de una fila de cerezos y se mantiene gracias a sus clientes habituales. Este será el punto de encuentro de diversos personajes, que a la vez se expandirá en la relación de sus habituales con otros.
Todo comienza con la voz de Wataru que recuerda cuando llegó al Marble Café: “Aunque era la primera vez que estaba allí, con solo entrar sentí una suerte de alivio, como si hubiera llegado a mi propia casa.” (p. 10). Se sintió fascinado y pronto quiso ser parte de la cafetería, para su sorpresa el dueño del local, a quien le gusta que le llamen “Maestro”, decide contratarlo. Este “Maestro” dice que tiene excelente intuición, por lo que confía en ella y, por ello, cuando Wataru le pide trabajo, él se lo da sin entrevistarlo o preguntarle el nombre. Además de que lo dejará a cargo al 100%. Este enigmático personaje será el que aparezca cada cierto tiempo moviendo hilos invisibles para llevar a las personas a concretar sus sueños.
El libro se divide en doce capítulos, empezando en Tokio para luego partir a Sydney y terminar nuevamente en Tokio. Cada capítulo es sobre personajes distintos, pero todos están conectados por el Marble Café de alguna u otra forma, en ocasiones es por las relaciones de los habituales de la cafetería entre los personajes, como mencionamos antes. De alguna manera todo se interconecta, lo que se va develando poco a poco a medida que avanza la obra. Además, cada capítulo tiene su propio título, una ubicación (Tokio o Sydney) y un color, este último tendrá un rol relevante en ese capítulo, así que te recomendamos ponerle atención.
Es un libro que puedes leer de más de una manera. Es una lectura ágil y bonita, no toma demasiado tiempo si la lees de esa manera y será un abrazo al corazón, eso si te recomendamos poner atención a los nombres y sus relaciones porque podrías confundirte, pero más allá de eso, puedes entregarte a una lectura para una tarde fría con un café o un chocolate caliente. Seguro te dejará una sonrisa. Por otro lado, a pesar de que tiene poco más de 200 páginas es un libro donde sus elementos van conectados. Los lugares a través de personajes y relaciones entre ellos, de momentos compartidos, pero también de la distancia y también desde la comprensión e incomprensión de las lenguas, de lo que se escapa de la traducción, pero también de lo que se encuentra. Michiko Aoyama sabe cómo hilar y entremezclar vidas, demostrándonos que somos seres vinculares y que pequeños gestos pueden cambiar la vida de las personas, que muchas veces son los detalles los que marcan la diferencia: “Entonces lo comprendí. Incluso en un mundo tan reducido como el mío, los milagros ocurren. Como aquella mano delicada que me tocó por primera vez. O esa sonrisa efusiva dedicada solo a mí.” (p. 19)
Título: Mis tardes en el pequeño café de Tokio
Autora: Michiko Aoyama
Traductora: Marta Morros Serret
Editorial Planeta
2025, Chile.


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