“Yo no soy un escritor, sino un adicto a las palabras, un adicto a la vida que aún hay en las palabras.” (p.86)
Manuel Vilas acababa de cumplir 61 años y cuatro días, se encontraba en Bistrita, durmió bien, tomó un desayuno que le pareció bueno, y se tomó unas selfies sonriendo que le mandó a su familia y seres queridos. Luego de eso se suicidó y así comienza esta historia sobre el protagonista. Nos enteramos de que es escritor, ha tenido un éxito tardío que jamás pensó tener y que quería escribir el mejor libro del mundo, entonces él nos dice que eso es lo que quiere todo escritor, lo diga o no, y es que de las obras literarias es de lo que va esta novela.
“El mejor libro del mundo” es metaliteratura, esto significa que, durante prácticamente toda la obra estamos, a través de la voz del narrador-protagonista Manuel Vilas, conociendo distintos temas de la construcción de una obra literaria: la materia, la forma escritural, maneras de trabajar a medida que avanza la narración: “Cualquier forma de relato se pierde si no está animada por el conflicto, y el conflicto básicamente se asienta en algún tipo de injusticia, de desorden, de dislocación, de abismo.” (p.25)”. Ojo, que no es una guía o manual para ser escritor, sino una obra que reflexiona sobre sí misma y sobre la literatura en general, donde el autor se examina acerca de su labor, pero no de una manera formal, sino a través de la narración de pequeñas cápsulas que podrían leerse independientemente, pero que en conjunto conforman la novela.
Los temas van desde los desayunos americanos que sirven en los hoteles, los abrazos, los matrimonios, los aviones, los reyes, los escritores, la modestia o la disfunción eréctil. Algunos más graciosos, otros tragicómicos, tópicos que se van enlazando como múltiples piezas. Sin embargo, el deseo de todo autor por escribir el mejor libro del mundo se va mezclando con la desolación cuando te das cuenta de que ya no fuiste tú quien lo escribirá. Quizás nunca lo ibas a ser, pero la juventud te da la esperanza y también la falta de sabiduría de no asumir que no lo serás; la vejez te da claridad y, en el mejor de los casos, más sabiduría.
Con una prosa que atrapa desde el inicio y una historia donde no importa el final que ya nos sabemos. “El mejor libro del mundo” es un libro tragicómico sobre la literatura y el ser escritor, una novela donde se muestran todas las costuras, incluidas reflexiones sobre errores y puntadas mal hechas a la hora de escribir un libro. Una obra con mucha cotidianidad y desde la libertad que siente el narrador de decir lo que quiera porque… total ya tiene sesenta años y va para los sesenta y uno. Nos deleitamos con la lectura porque genera goce estético leer una excelente prosa llena de humor que tiene la doble mirada humorística de la vida, pero donde la literatura es un tema que se toma muy en serio, pero la vida escritural, la de las editoriales, no tanto porque es más una puesta en escena y la cotidianidad tampoco lo es demasiado. Un libro para consumir a bocados con calma para disfrutarlo más, así que si eres ese tipo de lector, te lo recomendamos.


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